La violencia en los niños ... una temprana señal de alarma.

Probablemente más de alguna vez nos hemos relacionados con niño o niñas agresivos en nuestro círculo más cercano. Quizás uno de nuestros alumnos, el hijo o la hija de nuestros amigos e incluso nuestros mismos hijos o sobrinos.

Llama la atención cómo un golpe, un empujón o incluso un insulto pareciera ser la forma habitual de relacionarse de estos niños y niñas, lo que nos lleva con facilidad a creer que estamos frente a un niño naturalmente violento y muy agresivo. Pero, ¿qué se esconde tras esta agresividad?

Si observamos con más cuidado estas situaciones podremos ver que estos niños usualmente viven sus agresiones como una forma de defenderse y vengarse ante conductas, gestos o intenciones percibidas como atacantes y agresivas hacia su integridad física o emocional, por muy pequeña y poco riesgosa que parezca a la mirada de un adulto la amenaza percibida.

No es raro escuchar al preguntarles por lo sucedido explicaciones a su agresividad tales como "ese niño me molestó primero", "el me dijo primero que...", "el me pasó a llevar así que yo me defendí" o incluso "ahora no me hizo nada pero es que ella siempre me anda molestando", permitiendo entre ver  en sus argumentos una dolorosa verdad: El golpe para ese niño ha adquirido el significado de una defensa ante una situación que percibe trasgredió los límites de su bienestar y su zona de seguridad emocional.

¿Se justifica entonces ese golpe como defensa? Claro que no! ¿Cómo podemos entonces entender estos comportamientos agresivos y su necesidad de defenderse violentamente frente a conductas percibidas como graves ataques?

Lo que estamos percibiendo es una fuerte incapacidad en estos niños y niñas de procesar la situación percibida como ataque y poder comunicar su experiencia, lo que les impide comprender lo sucedido antes de reaccionar. Estamos frente a una de las primeras manifestaciones de conflictos que tienen a la base problemas de comunicación en nuestros niños, adolescentes y adultos. Estamos observando el comienzo de relaciones interpersonales difíciles en nuestros adolescentes para con sus pares y padres, y de dificultades en las interrelaciones de los adultos con sus parejas y compañeros de trabajo, por lo que se vuelve fundamental poder ayudar a nuestros niños y niñas a comunicar sus experiencias y las emociones y sentimientos asociados a éstas.

Por ello es fundamental recalcar la relevancia de dicha comunicación cuando nos sentimos pasados a llevar como personas, porque recordemos que un pequeño ataque a partir de una conducta de juego durante la infancia puede ser percibido como una transgresión de límites enormemente perturbadora.

En base a lo anterior, nos corresponde como adultos a cargo de éstos niños, poder intervenir  en estas primeras manifestaciones de dificultades de comunicación, que tan bien conocemos como adultos ya que hemos enfrentado las consecuencias que originan al largo plazo. Para ello lo que debemos usar como herramienta es clave nuestra propia experiencia, manifestando a nuestro niño o niña cómo nos sentimos al ver lo sucedido entre el o ella y su compañero(a), empalizando con su sensación de haber sido también agredido y con su necesidad de defenderse ante tal agresión.

 

04-2010.jpg

masternet82

Mi recomendación personal es acercarse de inmediato a esos niños y detener la conducta agresiva para, cariñosamente, mostrar nuestro asombro ante su comportamiento y pedirles que expliquen lo que ha sucedido. Informándoles desde el comienzo que está interesado en escuchar las versiones de cada uno (así se sentirán acogidos y les dará tiempo de procesar sus experiencias).

Una vez que esto haya sucedido muéstreles la dificultad en la que usted se encuentra para encontrar un responsable de iniciar la pelea, ya que ambos se sienten atacados y lo más usual es que quien hemos visto como fuente de la conducta agresiva se haya sentido agredido inicialmente, formándose una explicación personal de su conducta que le sirve de argumento y justificación, aunque no parezca así ante los ojos del adulto.

Muéstrele a estos niños o niñas las posibles razones, pensamientos y emociones que el otro compañero puede haber sentido como consecuencia de la conducta o actitud realizada y pregúntele cómo se hubiera sentido en su lugar (así estaremos enseñándoles a ser más empáticos). Pregúnteles si ahora que entienden lo que le pasó al compañero están dispuestos a pedirse disculpas por las agresiones cometidas (esto responsabilizará a cada uno de sus acciones).

Nunca fuerce una disculpa!, pero refuerce por su valentía a quien logró disculparse (ya que también en la niñez es difícil reconocer los errores), mostrándole su orgullo frente a esta actitud, explicándole que debemos respetar al compañero que aun no se siente preparado para disculparse, aunque no entendamos sus razones (lo que ayudará a fomentar la tolerancia y el autocontrol).

Con estos pequeños pasos estaremos ayudando a nuestros niños y niñas a tomar contacto con sus emociones y pensamientos, permitiéndoles detenerse un minuto a integrar la conducta o actitud percibida como agresión y tomar contacto con las emociones que surgen como consecuencia de ella. Estaremos inculcando el valor de Comunicar estos elementos a otros, favoreciendo la palabra como medio de contacto por sobre el golpe… finalmente nos estaremos haciendo cargo de una pequeña señal en nuestros niños, que les ayudará a evitar conflictos adolescentes y adultos de una mejor manera al poder reflexionar acerca de lo que les sucede y comunicar sus pensamientos y emociones a aquellos con quienes interactúa.

 

Cerrar